Lamentablemente ya nos hemos acostumbrados a ver y hablar de disturbios en las canchas de fútbol. Los violentos están en todos lados y ninguna categoría está exenta de los hechos de violencia. Esta vez hubo que lamentarlos en el Torneo del Interior en el encuentro que jugaron Pacífico de Alvear y el Club Empleados de Comercio.
Finalizó el cotejo, el CEC clasificó y el Lobo alvearense quedó eliminado. Una vez desencadenado esto, los hinchas de Pacífico estallaron en bronca, empezaron a arrojar piedras y el campo de juego se pobló de elementos contundentes.
Algunos simpatizantes del local lograron ingresar adentro de la cancha y les tiraron unos golpes a los jugadores del Mercantil que se retiraban corriendo y entrando apresuradamente al túnel que conduce a los vestuarios.
Pero todo no quedó ahí. Los violentos buscaron a unas nuevas víctimas: el árbitro Miguel Farías y sus asistentes, Jorge Cornejo y José Luis Martínez. Primero, algunos jugadores del Lobo alvearense intentaron agredir a la terna que se retiró del terreno de juego esquivando los cascotes que caían de la popular local. Si bien el arbitraje de Farías no fue de lo mejor, nada justifica la violencia.
Aunque lo peor estaba por venir. Cuando ya todos se habían retirado de los vestuarios se desató la locura. Los tres árbitros debieron salir corriendo, y con escasa custodia policial, del estadio, ya que fueron perseguidos por hinchas, jugadores y dirigentes de Pacífico que los golpearon severamente. Todo esto ocurrió bajo la mirada del plantel del CEC y la de algunos periodistas que esperaban retirarse del estadio.
Una serie de responsables fue la que desencadenó esta semejante barbaridad. Aunque el mayor grado de responsabilidad recae en los policías y en los directivos de Pacífico. Una verdadera lástima que, nuevamente, un encuentro deportivo termine en barbarie. Lo cierto es que la pelota, otra vez, se manchó.




























